22 de octubre de 2026
Alzheimer: qué hacer cuando mi madre me pregunta por su casa

«Quiero irme a mi casa». «¿Cuándo me llevas a casa?». «Aquí no vivo yo». Muchas hijas e hijos escuchan estas frases en cada visita, a veces varias veces en una misma tarde, y cada una se clava un poco más. Es fácil sentir que tu madre te reprocha haberla llevado a la residencia, o que nunca terminará de adaptarse. Sin embargo, en el Alzheimer esta petición suele significar algo distinto de lo que parece. Si te preguntas qué hacer cuando mi madre con Alzheimer me pregunta por su casa, la respuesta empieza por entender qué busca realmente con esa pregunta. A partir de ahí, hay formas de responder que la tranquilizan y otras que, sin querer, aumentan su angustia. Te las contamos con ejemplos concretos.
Qué quiere decir en realidad «quiero ir a casa»
Las organizaciones especializadas en demencia, como la Alzheimer's Society británica, explican que cuando una persona con demencia pide ir a casa muchas veces no se refiere a una dirección concreta, sino a una sensación: el lugar donde se sentía segura, útil y tranquila. Esa casa puede ser el piso donde vivía hasta hace unos meses, pero también la casa de su infancia o un hogar que ya no existe. Ocurre a menudo que la persona vive un desplazamiento temporal: siente que está en otra etapa de su vida, por ejemplo cuando sus hijos eran pequeños, y quiere volver para atenderlos. Por eso le ocurre incluso a quien sigue viviendo en su propio domicilio. Entenderlo cambia el foco: la pregunta no es tanto «dónde» como «qué necesita sentir ahora mismo».
Apego, inseguridad y estrés de traslocación
Desde la psicogerontología hay dos ideas que ayudan a leer esta situación. La primera viene de la teoría del apego aplicada a la demencia: a medida que la enfermedad hace el entorno más difícil de entender, la persona se siente insegura y busca figuras y lugares de protección, como sus padres o su antigua casa. La segunda es el estrés de traslocación, la reacción de ansiedad, desorientación o tristeza que pueden experimentar las personas mayores tras un cambio de residencia. En alguien con Alzheimer, ese malestar se suma a la dificultad para entender dónde está y por qué. Ninguna de las dos cosas significa que la residencia sea un mal lugar ni que hayas tomado una mala decisión. Si los primeros meses te generan dudas, nuestra guía sobre la adaptación de un anciano a la residencia te ayudará a saber qué es esperable.
Cómo responder: frases que suelen calmar
La recomendación más repetida por los equipos de geriatría es no discutir. Decirle «esta es tu casa ahora» o «tu casa se vendió» rara vez la convence, porque no puede retener esa información, y solo añade frustración o una pena que vivirá como nueva. Lo que suele funcionar es atender la emoción, acompañarla y, cuando se calme un poco, redirigir la atención. Estos son algunos ejemplos útiles para saber qué hacer cuando mi madre con Alzheimer me pregunta por su casa:
- Reconoce lo que siente: «Echas de menos tu casa, ¿verdad? Era muy bonita».
- Invítala a recordar: «Cuéntame cómo era tu cocina» o «¿Qué es lo que más te gustaba de tu barrio?».
- Dale seguridad: «Estoy aquí contigo y aquí estás a salvo».
- Ofrece algo concreto y agradable: un paseo, una merienda permitida, su música favorita.
- Evita promesas que no vas a cumplir, como «mañana te llevo», porque pueden aumentar la espera y la decepción.
- Si insiste mucho, cambia de espacio o de actividad en lugar de repetir los mismos argumentos.
No hay una frase mágica que funcione siempre. Lo que hoy la tranquiliza mañana puede no servir, y eso no significa que lo estés haciendo mal. Con la práctica irás descubriendo qué temas, objetos o canciones la reconfortan.
Causas físicas que conviene descartar
A veces el deseo de irse es la forma que encuentra la persona de expresar un malestar que no sabe nombrar: dolor, hambre, sed, frío, ganas de ir al baño, cansancio o demasiado ruido a su alrededor. Merece la pena repasar estas necesidades básicas antes que cualquier otra cosa. También conviene observar a qué hora ocurre. Si la petición aparece sobre todo al atardecer, puede estar relacionada con el síndrome del ocaso o síndrome vespertino, en el que muchas personas con demencia se vuelven más inquietas y confusas al final del día. Y si el cambio es brusco, con más confusión de lo habitual, puede indicar un delirium por una infección, deshidratación o un efecto de la medicación, algo que requiere valoración médica. Ante cualquier cambio de conducta, coméntalo con el equipo sanitario de la residencia.
Coordinarte con el equipo y cuidar tu propia culpa
El personal que acompaña a tu madre cada día puede convertirse en tu mejor aliado. Cuéntales cómo era su casa, qué hacía por las tardes, qué nombres repite y qué la calmaba antes; así podrán responder de forma coherente cuando pregunte por ella y tú no estés. Pregunta también si hay momentos del día en que la petición se repite más, por si se puede ajustar la rutina o las visitas. Saber qué hacer cuando mi madre con Alzheimer me pregunta por su casa es más fácil cuando todos usan las mismas respuestas. Y no olvides tu parte emocional: oír que quiere irse puede reavivar la culpa de haberla llevado a la residencia. Si te pasa, este artículo sobre el sentimiento de culpa al ingresar a un padre en residencia puede ayudarte a ponerla en su sitio.
Con Palermia, la residencia comparte contigo fotos de su día a día, cómo ha comido y su medicación, y puedes escribir directamente al equipo de cuidado para preguntar cómo ha pasado la tarde o contarles qué frase la tranquilizó en tu última visita. Esa información compartida hace que todos respondan igual y que tú no tengas que imaginar lo peor desde casa. Conoce cómo funciona
Si vuelves a casa después de la visita pensando otra vez qué hacer cuando mi madre con Alzheimer me pregunta por su casa, recuerda lo esencial: no se trata de encontrar el argumento perfecto, sino de ofrecerle compañía y calma. Que tu madre pida volver a casa no borra todo lo que estás haciendo por ella. Es, sobre todo, una forma de decir que necesita sentirse segura y querida, y eso sí puedes dárselo en cada visita. Escúchala, valida lo que siente, acompáñala hacia algo agradable y, cuando la tristeza sea tuya, busca también apoyo para ti.