5 de noviembre de 2026

Artrosis en personas mayores: dolor, movimiento y cuidados

Mujer mayor caminando con bastón por un parque acompañada de su hijo en una mañana soleada

Que a tu madre le duelan las rodillas al levantarse o que tu padre ya no pueda abrir un bote por el dolor en los dedos son escenas muy habituales. Detrás de muchas de ellas está la artrosis, la enfermedad articular más frecuente. La artrosis en personas mayores no es simplemente «cosa de la edad» que haya que aguantar: aunque no tiene cura, hay mucho que hacer para aliviar el dolor, conservar la movilidad y mantener la independencia. En esta guía te explicamos qué ocurre en la articulación, qué síntomas son habituales, por qué el ejercicio es el centro del tratamiento, cómo influyen las emociones en el dolor y qué puede hacer la familia en el día a día. Las decisiones sobre medicación y tratamientos siempre corresponden a su equipo médico.

Qué es la artrosis y qué articulaciones afecta

La artrosis es una enfermedad de toda la articulación en la que el cartílago, el tejido que recubre los extremos de los huesos y permite que se deslicen, se va desgastando. A la vez se producen cambios en el hueso, en la membrana que rodea la articulación y en los músculos cercanos. El resultado es dolor, rigidez y pérdida de función. Las zonas más afectadas suelen ser las rodillas, las caderas, las manos (sobre todo la base del pulgar y las últimas articulaciones de los dedos), la columna cervical y lumbar y el dedo gordo del pie. La edad es el principal factor de riesgo, pero también influyen el sobrepeso, las lesiones previas, los trabajos con movimientos repetitivos, la genética y el sexo femenino, ya que es más frecuente en mujeres.

Síntomas habituales de la artrosis en personas mayores

El síntoma principal es un dolor de tipo mecánico: empeora al usar la articulación y mejora con el reposo. En fases más avanzadas puede aparecer también en reposo o por la noche y afectar al sueño. Estas son las manifestaciones más frecuentes que conviene observar:

  • Dolor al caminar, subir escaleras, levantarse de una silla o usar las manos.
  • Rigidez al levantarse por la mañana o tras estar sentado un rato, que suele durar poco y mejora al moverse.
  • Crujidos o sensación de roce al mover la articulación.
  • Hinchazón ocasional, sobre todo en la rodilla.
  • Deformidad progresiva, como los nódulos en los dedos de las manos.
  • Pérdida de fuerza y dificultad para tareas cotidianas, como vestirse, abrocharse botones o entrar en la bañera.

Hay señales que no encajan con la artrosis y merecen consulta rápida: una articulación muy caliente, roja e hinchada de forma brusca, fiebre, dolor muy intenso tras una caída o rigidez matutina que dura horas. En esos casos puede tratarse de otro problema que requiere valoración.

Por qué moverse es el mejor tratamiento

Puede parecer contradictorio, pero las guías de reumatología coinciden en que el ejercicio es la base del tratamiento de la artrosis, sea cual sea la edad. El cartílago se nutre con el movimiento, y unos músculos fuertes protegen la articulación y reparten mejor las cargas. Lo recomendable es combinar ejercicios de fortalecimiento (especialmente del cuádriceps en la artrosis de rodilla), actividad aeróbica suave como caminar, nadar o la bicicleta estática, y ejercicios de movilidad y equilibrio. Un fisioterapeuta puede diseñar un programa adaptado. Si tu familiar tiene sobrepeso, reducirlo disminuye la carga sobre rodillas y caderas. En nuestro artículo sobre la sarcopenia explicamos por qué conservar la masa muscular es tan importante en la vejez.

El reposo prolongado, en cambio, suele empeorar las cosas: la articulación se vuelve más rígida, los músculos se debilitan y aumenta el riesgo de caídas. En geriatría, la artrosis de rodilla o de cadera se considera uno de los factores que contribuyen al riesgo de caídas, porque altera la marcha y el equilibrio. Un bastón bien ajustado, en la mano contraria a la pierna afectada, calzado cerrado y estable y un hogar sin obstáculos ayudan mucho. Puedes ampliar estas medidas en nuestra guía de prevención de caídas en adultos mayores.

Miedo al movimiento y catastrofización del dolor

El dolor no es solo una señal física; también lo moldean las emociones y las creencias. En psicología del dolor se habla de kinesiofobia, el miedo a moverse por temor a hacerse daño, y de catastrofización del dolor, la tendencia a pensar que el dolor es señal de algo terrible, a darle vueltas constantemente y a sentirse incapaz de hacer nada. Ambos fenómenos son frecuentes en personas mayores con artrosis y tienen un efecto paradójico: llevan a moverse cada vez menos, lo que debilita la articulación y aumenta el dolor a medio plazo. Además, pueden favorecer el aislamiento y la tristeza. Detectarlos importa, porque se pueden trabajar con información, ejercicio progresivo y, cuando hace falta, apoyo psicológico.

Como familiar, puedes ayudar evitando mensajes como «no hagas nada que te duele» y sustituyéndolos por otros más útiles: un poco de molestia durante el ejercicio suele ser aceptable si no empeora al día siguiente. Proponer actividades agradables, caminar juntos a su ritmo y celebrar los pequeños avances refuerza la confianza. Y si notas que el dolor le quita las ganas de todo, coméntalo con su médico.

Dolor, medicación y adaptaciones en casa

Para el dolor existen medidas sencillas, como el calor local para la rigidez o el frío en momentos de inflamación, siempre protegiendo la piel. Los analgésicos y antiinflamatorios deben pautarse por el médico: en las personas mayores, los antiinflamatorios por vía oral pueden afectar al estómago, al riñón y a la tensión arterial, y conviene revisarlos junto al resto de la medicación. En algunos casos el especialista puede valorar infiltraciones o, si la articulación está muy dañada, una prótesis. En casa, pequeñas adaptaciones reducen el esfuerzo: sillas con reposabrazos y altura adecuada, alzas en el inodoro, barras de apoyo en el baño, utensilios de cocina con mangos gruesos y ropa fácil de poner. Un terapeuta ocupacional puede orientar sobre las ayudas técnicas más útiles.

La artrosis en la residencia: cómo acompañar

Si tu familiar vive en una residencia, la artrosis se aborda dentro de su plan de cuidados: fisioterapia, actividades de movimiento, control del dolor y adaptación del entorno. Vale la pena preguntar qué ejercicios hace, cómo se valora su dolor (especialmente si tiene demencia y no puede expresarlo bien) y cómo se cuida su movilidad para evitar que pase demasiadas horas sentado. Contar al equipo qué le alivia, qué actividades disfrutaba o qué le cuesta más ayuda a personalizar la atención.

Palermia te ayuda a acompañar este proceso aunque no puedas ir cada día. Puedes ver fotos de tu familiar en sus actividades, comprobar qué ha comido, consultar su medicación para el dolor y enviar mensajes directos al equipo de cuidado si notas que camina peor o se queja más en una visita. Conoce cómo funciona

La artrosis en personas mayores es una compañera de largo recorrido, pero no tiene por qué marcar el ritmo de la vida. Moverse cada día, mantener un peso saludable, tratar bien el dolor y cuidar el ánimo permiten seguir haciendo lo que importa. Tu apoyo, paciente y constante, es parte del tratamiento.