20 de octubre de 2026
Cómo prevenir las úlceras por presión en una residencia

Las úlceras por presión son uno de los problemas de salud que más preocupan a los equipos de residencias, y con razón: causan dolor, aumentan el riesgo de infección, alargan los cuidados y afectan a la confianza de las familias. La buena noticia es que la mayoría se pueden evitar con medidas conocidas y bien aplicadas. El reto no está tanto en saber qué hacer como en lograr que todo el equipo lo haga de forma constante, turno tras turno. Esta guía está pensada para la dirección, la enfermería y el equipo de gerocultores: repasa cómo prevenir las úlceras por presión en una residencia con un protocolo realista, basado en las recomendaciones de las guías clínicas y en la organización del trabajo diario.
Por qué aparecen: presión, cizalla y fragilidad
Una úlcera por presión es una lesión de la piel y los tejidos subyacentes causada por la presión mantenida, a menudo combinada con fuerzas de cizalla y fricción, sobre una zona donde el hueso está cerca de la superficie: sacro, talones, caderas, codos u occipital. En las personas mayores confluyen varios factores de riesgo geriátricos. La inmovilidad y la sarcopenia, la pérdida de masa y fuerza muscular asociada al envejecimiento, reducen los cambios de postura espontáneos. La desnutrición y la deshidratación debilitan la piel. La incontinencia mantiene la piel húmeda y más vulnerable. Y el deterioro cognitivo puede hacer que la persona no perciba o no comunique la molestia. Entender esta combinación ayuda al equipo a ver que la prevención no es una sola técnica, sino un conjunto de cuidados.
Valorar el riesgo desde el primer día
La prevención empieza en el ingreso. Las guías de práctica clínica, como las que promueve en España el Grupo Nacional para el Estudio y Asesoramiento en Úlceras por Presión y Heridas Crónicas (GNEAUPP), recomiendan valorar el riesgo con una escala validada, como Braden, Norton o EMINA, y no solo con el juicio clínico. Esa valoración se repite de forma periódica y siempre que cambia la situación del residente: tras una hospitalización, una caída, una infección o una pérdida de movilidad. Junto a la escala, conviene inspeccionar la piel a diario, sobre todo en prominencias óseas, buscando enrojecimientos que no desaparecen al presionar. El resultado debe quedar registrado y traducirse en medidas concretas dentro del plan de cuidados de cada persona.
Las medidas clave del protocolo
Una vez identificado el riesgo, el protocolo para prevenir las úlceras por presión en una residencia se apoya en unas pocas medidas bien establecidas. Lo importante es que estén por escrito, que el equipo sepa quién hace qué y que se adapten a cada residente en su plan de atención individualizada, en lugar de aplicarse igual para todos.
- Cambios posturales programados y registrados, con una frecuencia individualizada según el riesgo, la superficie de apoyo y la tolerancia de la persona.
- Superficies especiales para el manejo de la presión (colchones y cojines) asignadas según el nivel de riesgo, también en sedestación.
- Protección de talones, dejándolos libres de presión con almohadas o dispositivos específicos.
- Técnicas de movilización con grúas, sábanas o dispositivos deslizantes para evitar arrastrar al residente y reducir la cizalla.
- Cuidado de la piel: higiene con jabones suaves, secado sin frotar e hidratación; los ácidos grasos hiperoxigenados se aplican sin masaje en zonas de riesgo.
- No masajear las prominencias óseas ni usar flotadores tipo rosco, prácticas que las guías desaconsejan.
- Manejo de la humedad por incontinencia o sudor, con productos absorbentes adecuados y protectores cutáneos.
- Fomento de la movilidad activa siempre que sea posible, en coordinación con fisioterapia.
Nutrición e hidratación: la parte que más se olvida
La piel de un residente desnutrido se lesiona antes y cicatriza peor, por lo que la valoración nutricional forma parte de la prevención. Es recomendable usar una herramienta de cribado validada, como el MNA, pesar a los residentes de forma periódica y vigilar la ingesta real, no solo lo que se sirve en la bandeja. Cuando un residente come menos, conviene analizar la causa: problemas dentales, disfagia, depresión, efectos de la medicación o simple falta de ayuda para comer. La hidratación merece la misma atención, ya que en las personas mayores la sensación de sed suele estar disminuida. El equipo de cocina y el de enfermería deben trabajar coordinados; en este artículo sobre nutrición en la tercera edad se repasan los nutrientes que más suelen faltar en esta etapa.
El factor humano: motivación, dolor y exceso de discapacidad
Un protocolo puede ser impecable sobre el papel y fallar en la práctica. Desde la psicogerontología se describe el exceso de discapacidad: cuando el entorno hace por la persona cosas que todavía podría hacer sola, su autonomía se pierde más deprisa de lo que explicaría su enfermedad. En prevención de úlceras, esto se ve cuando se deja en cama o en silla a un residente que podría caminar unos metros con apoyo. Animarle a moverse, explicarle por qué y respetar sus tiempos protege su piel y su autoestima. También hay que tener en cuenta el dolor, que puede hacer que un residente rechace los cambios posturales; valorarlo y tratarlo con el equipo médico mejora la adherencia. Y, por supuesto, el equipo: formación periódica, registros sencillos y cargas de trabajo razonables marcan la diferencia.
Registro, indicadores y comunicación con las familias
Para saber si la residencia está consiguiendo prevenir las úlceras por presión, hay que medir. Registrar las valoraciones de riesgo, los cambios posturales y cualquier lesión nueva permite calcular indicadores internos, detectar residentes o turnos donde fallan las medidas y revisar el protocolo con datos. Cada lesión que aparece debe analizarse sin buscar culpables, preguntando qué falló en el proceso. Las familias también son aliadas: pueden avisar si su familiar come menos o pasa muchas horas en la misma postura durante sus visitas, y entienden mejor el plan cuando se les explica. Explicar a la familia qué medidas se aplican, y por qué, reduce la ansiedad y evita malentendidos si aparece una lesión.
Palermia facilita esa parte de la comunicación: el equipo puede compartir con cada familia fotos del día a día, lo que el residente ha comido y la medicación que recibe, y responder por mensajes directos a sus dudas. Cuando un cambio de apetito o de tratamiento se comunica a tiempo, la familia participa en la prevención en lugar de enterarse cuando ya hay un problema. Conoce cómo funciona
Saber cómo prevenir las úlceras por presión en una residencia no requiere grandes inversiones, sino constancia y un equipo que entienda el porqué de cada medida: valorar el riesgo, aliviar la presión, cuidar la piel, nutrir bien, movilizar y registrar. Revisa periódicamente tu protocolo con el equipo de enfermería y adáptalo a las guías clínicas vigentes. Cada lesión evitada es menos dolor para un residente y más confianza para su familia.