25 de septiembre de 2026
Úlceras por presión: cómo prevenirlas en personas mayores

Si tu padre, tu madre o un familiar mayor pasa muchas horas en la cama o en una silla de ruedas, es probable que alguien del equipo de enfermería te haya hablado de las úlceras por presión, también llamadas escaras o llagas de decúbito. Suenan a algo lejano hasta que aparece una mancha roja en el talón o en la zona del sacro y no sabes si es importante. La buena noticia es que la mayoría de estas lesiones se pueden prevenir con cuidados sencillos y constantes. En esta guía te explicamos qué son, por qué las personas mayores tienen más riesgo, cómo reconocer las primeras señales y qué puedes hacer tú, como familiar, para acompañar la prevención sin sustituir al equipo sanitario.
Qué son las úlceras por presión y por qué aparecen
Las úlceras por presión son lesiones de la piel y de los tejidos que hay debajo, causadas por una presión mantenida sobre una zona durante demasiado tiempo, casi siempre donde el hueso está muy cerca de la piel. Cuando una persona permanece en la misma postura, el peso del cuerpo aplasta los pequeños vasos sanguíneos entre el hueso y la superficie de apoyo. Si ese tejido se queda sin riego el tiempo suficiente, se daña. A la presión se suman otras dos fuerzas: la fricción, que es el roce de la piel contra las sábanas, y el cizallamiento, que ocurre cuando la piel se queda quieta mientras el cuerpo se desliza, por ejemplo al resbalar hacia abajo en una cama incorporada. La humedad por sudor o incontinencia debilita aún más la piel.
Las zonas donde aparecen con más frecuencia son aquellas con prominencias óseas y poca grasa que las proteja:
- El sacro y el coxis, en la parte baja de la espalda, sobre todo en personas encamadas boca arriba.
- Los talones y los tobillos, que soportan mucha presión aunque parezcan zonas pequeñas.
- Las caderas (trocánteres), cuando la persona pasa tiempo tumbada de lado.
- Los glúteos y la zona de los isquiones, en quienes pasan muchas horas sentados en silla de ruedas.
- Los codos, los omóplatos, las orejas y la parte de atrás de la cabeza, menos frecuentes pero posibles.
Por qué las personas mayores tienen más riesgo: fragilidad, sarcopenia e inmovilidad
Con la edad, la piel se vuelve más fina, menos elástica y pierde parte de la grasa que amortigua los golpes y la presión. Pero el factor clave no es la edad en sí, sino la inmovilidad. En geriatría se habla del síndrome de inmovilidad y de la fragilidad: un estado en el que la persona tiene menos reservas físicas y cualquier problema (una infección, una caída, una hospitalización) puede hacer que pase de moverse con cierta autonomía a quedarse en cama. A esto se suma la sarcopenia, la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular, que deja las prominencias óseas con menos protección y dificulta cambiar de postura por uno mismo. El deterioro cognitivo también cuenta, porque la persona puede no notar la molestia o no pedir ayuda para moverse.
Otros factores que aumentan el riesgo son la desnutrición y la deshidratación, la incontinencia, la diabetes y los problemas de circulación, y ciertos medicamentos que producen somnolencia. Por eso los equipos de enfermería usan escalas validadas, como la escala de Braden o la de Norton, que puntúan aspectos como la movilidad, la actividad, la nutrición, la humedad de la piel y la percepción sensorial. En la escala de Braden, por ejemplo, una puntuación más baja indica más riesgo. Si tu familiar vive en una residencia, puedes preguntar con naturalidad si se le ha hecho esta valoración y cada cuánto se revisa.
Señales tempranas que conviene reconocer
Las úlceras por presión se clasifican en categorías según la profundidad del daño. La primera, y la más importante de reconocer, es el eritema no blanqueable: una zona de piel intacta, enrojecida, que no se vuelve pálida cuando se presiona suavemente con el dedo durante unos segundos. En pieles oscuras puede no verse el enrojecimiento, pero sí un cambio de color respecto a la piel de alrededor, o una zona más caliente, más dura o más blanda al tacto. En las categorías siguientes la piel se abre: primero una ampolla o herida superficial, después una lesión que alcanza el tejido graso y, en los casos más graves, el músculo o incluso el hueso. Detectarlo en la fase inicial permite actuar antes de que la piel se rompa.
Otras señales que merece la pena comentar con enfermería son el dolor o la molestia en una zona de apoyo, que tu familiar evite ponerse de un lado concreto, manchas en la ropa de cama, mal olor o una herida que no mejora. Ante cualquiera de ellas, lo correcto es avisar al equipo de cuidado o de enfermería para que valore la zona. No intentes tratar una herida abierta por tu cuenta ni aplicar cremas sin indicación: la elección del cuidado depende de la categoría de la lesión y del estado general de la persona.
Cómo se previenen las úlceras por presión en el día a día
La prevención de las úlceras por presión se apoya en unas pocas medidas que funcionan cuando se aplican todos los días, no solo cuando algo ya va mal. La principal es aliviar la presión con cambios posturales: fuentes como MedlinePlus mencionan cambiar de posición aproximadamente cada dos horas, aunque la frecuencia exacta la debe ajustar el equipo sanitario según el riesgo y la superficie en la que descansa la persona. Estas son las medidas que suelen recomendar las guías de enfermería:
- Cambios de postura planificados, alternando boca arriba y de lado, y usando almohadas para que las rodillas y los tobillos no se toquen entre sí.
- Mantener los talones sin contacto con la cama, por ejemplo con una almohada bajo las pantorrillas.
- Evitar que la persona se deslice en la cama: no elevar el cabecero más de lo necesario y levantarla en lugar de arrastrarla al moverla.
- Superficies especiales de manejo de la presión, como colchones o cojines específicos, cuando el equipo lo indique.
- Piel limpia, seca e hidratada, con especial cuidado en la zona del pañal si hay incontinencia.
- No masajear las zonas enrojecidas ni las prominencias óseas: es una práctica antigua que hoy se desaconseja porque puede dañar los tejidos.
- Evitar los flotadores o rodetes en forma de rosco, que concentran la presión en el borde.
- Una alimentación con suficientes proteínas, calorías y líquidos, porque la piel malnutrida se daña antes y cicatriza peor.
La humedad merece una atención especial, porque la piel mojada durante horas se macera y se rompe con mucha más facilidad. Si tu familiar tiene pérdidas de orina, en nuestro artículo sobre cómo abordar la incontinencia con dignidad encontrarás ideas para manejarla sin que se convierta en un tema tabú. Lo mismo ocurre con la alimentación: comer poco o beber menos de lo necesario debilita la piel, y en la guía sobre qué debe incluir la dieta en la tercera edad repasamos los nutrientes que más suelen faltar.
El lado emocional: dignidad, pudor y sentimiento de carga
Hablar de úlceras por presión es hablar de cuerpo, de cama y de dependencia, y eso tiene un peso emocional que a menudo se pasa por alto. Muchas personas mayores viven los cambios posturales o la revisión de la piel como una pérdida de intimidad, y pueden sentir pudor al ser movidas o aseadas. En psicogerontología se describe además el sentimiento de carga percibida: la sensación de ser un estorbo para la familia o para el personal. Esa emoción puede llevar a la persona a no pedir ayuda para cambiar de postura, a callar una molestia o a quitarle importancia a un dolor para no molestar. Paradójicamente, ese silencio aumenta el riesgo de que una lesión avance sin que nadie lo note.
Como familiar, puedes ayudar mucho con gestos pequeños. Explícale que moverse con frecuencia es un cuidado, no un castigo ni una molestia. Pregúntale directamente si le duele algo al estar tumbado o sentado, en lugar de esperar a que lo diga. Respeta su intimidad y su ritmo cuando estés presente en los cuidados, y agradece al equipo en voz alta el trabajo que hace con él o con ella, para que no lo viva como una carga. Y si notas que está más apagado, más callado o sin ganas de moverse, coméntalo: el ánimo y la movilidad están muy relacionados.
Cómo colaborar con la residencia y el equipo de enfermería
Si tu familiar vive en una residencia, la prevención de las úlceras por presión es responsabilidad del equipo de cuidado, pero tu mirada también suma. Tú conoces sus costumbres, sabes si antes dormía siempre del mismo lado, si se queja poco o si le cuesta pedir las cosas. Compartir esa información ayuda. En tus visitas puedes observar si está cómodo, si su postura cambia a lo largo del día, si come y bebe con normalidad y si la silla o la cama parecen adecuadas. Algunas preguntas útiles para el personal son si tiene una valoración de riesgo reciente, qué plan de cambios posturales sigue, si usa colchón o cojín especial y cómo se está alimentando. Hacerlas con tono colaborativo, no fiscalizador, suele abrir mejores conversaciones.
Aquí es donde Palermia puede ayudarte en el día a día. La app conecta a las familias con la residencia: puedes ver fotos de tu familiar, consultar qué ha comido y el registro de su medicación, y escribir mensajes directos al equipo de cuidado cuando notas algo en una visita o tienes una duda sobre su piel o su postura. Así no dependes de coincidir con la enfermera en el pasillo para preguntar, y el equipo puede responderte con calma. Conoce cómo funciona
Cuándo consultar sin esperar
Aunque la mayoría de las úlceras por presión se pueden prevenir, algunas aparecen pese a los buenos cuidados, sobre todo en personas muy frágiles o al final de la vida. No es motivo de culpa, pero sí de actuar rápido. Consulta con enfermería o con el equipo médico si ves una zona roja que no palidece al presionarla, una ampolla o herida en una zona de apoyo, una lesión que crece, supura o huele mal, o si tu familiar tiene fiebre, está más confuso de lo habitual o se queja de dolor en una zona concreta. Estas señales pueden indicar que la lesión avanza o que hay una infección. Cuanto antes se valore, más sencillo será el tratamiento y menos sufrimiento supondrá para la persona que quieres.