12 de agosto de 2026
Videollamadas con adultos mayores: consejos prácticos

Muchas familias intentan una videollamada, se encuentran con problemas técnicos o silencios incómodos, y la abandonan como opción. Con algunos ajustes simples, las videollamadas pueden convertirse en una rutina que realmente se disfruta de ambos lados.
Antes de la llamada
- Coordinar un horario fijo semanal, en vez de llamar 'cuando se pueda' — la previsibilidad ayuda mucho.
- Pedirle al personal de la residencia que ayude a preparar el dispositivo antes de la hora acordada.
- Usar una app simple, con pocos botones y letra grande, si el familiar no es muy habitual con la tecnología.
Durante la llamada
Hablar un poco más despacio de lo habitual, dejar pausas para que pueda procesar y responder, y evitar preguntas demasiado abiertas ('¿qué contás?') que suelen generar respuestas cortas. Preguntas concretas ('¿qué almorzaste hoy?', '¿participaste del taller de la tarde?') dan pie a conversaciones más largas y naturales.
Mostrar algo — una foto reciente, a los nietos, la mascota — también ayuda a sostener la atención mejor que solo hablar frente a la cámara.
Cuando la videollamada no alcanza
Una videollamada semanal es valiosa, pero no reemplaza saber cómo está el día a día entre una llamada y la siguiente. Complementarla con fotos y novedades diarias — algo que ya ofrecen algunas residencias a través de aplicaciones — reduce mucho la ansiedad de 'no saber' en los días sin contacto directo. Esto conecta con por qué la comunicación diaria mejora el bienestar en residencias, más allá de la videollamada puntual.
Y si la videollamada todavía no forma parte de la rutina, este artículo sobre cómo mantenerse en contacto con un familiar en una residencia tiene más ideas para empezar.
Por qué el ritmo de la conversación necesita ajustarse
Con la edad, es común que el tiempo de procesamiento de la información se vuelva algo más lento — no porque haya menos capacidad de comprensión, sino porque el cerebro necesita un poco más de tiempo para integrar lo que escucha y armar una respuesta. Si la familia habla rápido, cambia de tema con frecuencia o interrumpe silencios que en realidad son parte normal del procesamiento, la persona mayor puede sentirse abrumada o directamente desconectarse de la conversación, y luego eso se interpreta erróneamente como desinterés o deterioro cognitivo. Bajar el ritmo, sostener silencios breves sin llenarlos de inmediato y confirmar que el mensaje llegó bien son ajustes simples que mejoran mucho la calidad real del intercambio.
También conviene tener en cuenta los cambios sensoriales: la pérdida auditiva y visual, muy frecuente en la tercera edad, puede hacer que una videollamada resulte agotadora si el volumen es bajo, la pantalla es chica o hay ruido de fondo. Usar auriculares, aumentar el tamaño de letra e imagen, y elegir un espacio silencioso del lado de la persona mayor —algo en lo que puede ayudar el personal de la residencia— hace una diferencia notable en cuánto se disfruta la llamada, más allá de cualquier consejo de conversación.
El derecho a no quedar excluido por la tecnología
La ansiedad tecnológica —el malestar o la evitación frente a dispositivos que se perciben como complicados— es real y common en personas que no crecieron rodeadas de pantallas, y no debería tratarse como un capricho o una limitación personal a superar sin ayuda. Mantener contacto con la familia es parte del derecho a la vida social y familiar de cualquier persona, en cualquier etapa de la vida, y ese derecho no debería depender de cuán cómoda se sienta la persona mayor con la tecnología. Por eso, la responsabilidad de que la videollamada funcione bien recae tanto en elegir herramientas simples como en el acompañamiento activo del personal o la familia para superar la barrera inicial — no únicamente en la buena voluntad de la persona mayor para 'aprender a usarlo'.
Sumar a otras generaciones a la llamada
Las videollamadas que incluyen a nietos o bisnietos suelen generar una energía distinta a las llamadas de dos personas adultas: los más chicos aportan naturalidad, preguntas simples y un entusiasmo que muchas veces sostiene la atención mejor que cualquier técnica de conversación planificada. Coordinar que un nieto muestre un dibujo, cuente algo de la escuela, o simplemente salude un momento, puede convertir una llamada rutinaria en uno de los mejores momentos de la semana tanto para quien la recibe como para quien la hace.
Del lado técnico, conviene también anticipar imprevistos: tener un número de teléfono de respaldo por si falla la conexión de video, y no depender de un único dispositivo o aplicación si la residencia cuenta con más de una opción disponible. La frustración de una llamada que no conecta puede desalentar el intento siguiente, así que minimizar los obstáculos técnicos vale la inversión de tiempo inicial en configurarlo bien una sola vez.
Elegir bien el horario según la rutina de la persona
El mejor horario para una videollamada no es el más cómodo para quien llama, sino el que mejor se ajusta a la rutina y al estado de energía de la persona mayor. Justo después de comer, muchas personas mayores atraviesan un período natural de somnolencia; a media mañana o a media tarde, después de alguna actividad, suele haber más energía y disposición para sostener una conversación fluida. Coordinar con el personal de la residencia cuál es el mejor momento del día para esa persona en particular evita llamadas que terminan siendo breves y poco satisfactorias simplemente por mal timing, no por falta de ganas de conversar.
Con la práctica, casi todas las familias que insisten un poco al principio terminan encontrando el formato que mejor funciona para su caso particular. La primera videollamada rara vez es la mejor — lo que importa es sostener el intento con paciencia hasta encontrar ese ritmo propio, en vez de descartar la herramienta entera por una primera experiencia incómoda.
Involucrar al personal de la residencia en este proceso de prueba y ajuste, contándoles qué funcionó y qué no en llamadas anteriores, también ayuda: son quienes están presentes del otro lado en cada llamada y pueden hacer pequeños ajustes —el volumen, la iluminación, el momento del día— que la familia, desde la distancia, no siempre puede anticipar por su cuenta.
Palermia permite coordinar videollamadas y visitas directamente con la residencia, además de compartir fotos y novedades todos los días. Conoce cómo funciona.