24 de octubre de 2026
Alucinaciones en personas mayores: causas y qué hacer

Una tarde, tu padre te cuenta con toda tranquilidad que hay unos niños jugando en el pasillo. O tu madre te llama inquieta porque ve a un desconocido sentado en el sillón de su habitación. La primera reacción suele ser de alarma: ¿se está volviendo loco?, ¿es demencia? Las alucinaciones en personas mayores son más frecuentes de lo que se piensa y tienen causas muy variadas, algunas leves y fáciles de tratar, otras que necesitan valoración médica urgente. Entender de dónde pueden venir te ayudará a reaccionar con calma, a no discutir con tu familiar y a dar al equipo médico la información que necesita para encontrar la causa.
Qué es una alucinación y en qué se diferencia de una ilusión
Una alucinación es una percepción sin un estímulo real: la persona ve, oye, siente, huele o saborea algo que no está ahí, y lo vive como completamente auténtico. En la edad avanzada predominan las visuales (personas, animales, figuras, patrones de colores), aunque también aparecen auditivas, como música o voces. Conviene distinguirlas de las ilusiones, que son interpretaciones equivocadas de algo que sí existe: un abrigo colgado que parece una persona en la penumbra, o una mancha en la pared que se confunde con un insecto. Las ilusiones se agravan con poca luz y mala visión, y suelen corregirse al encender la lámpara. También son distintos los delirios, que son ideas falsas firmemente sostenidas, como creer que alguien le roba. Contar al médico qué tipo de experiencia es orienta mucho el diagnóstico.
Causas médicas más frecuentes en la vejez
Los servicios de salud públicos señalan que, en personas mayores, las alucinaciones obligan a descartar primero causas físicas como una infección, un efecto de la medicación o un estado de confusión aguda. Estas son las causas que los geriatras revisan con más frecuencia:
- Delirium o síndrome confusional agudo: aparece de golpe, en horas o días, y suele deberse a una infección (urinaria o respiratoria), deshidratación, dolor, estreñimiento o una cirugía reciente.
- Medicamentos: algunos fármacos para el Parkinson, analgésicos opioides, sedantes, fármacos con efecto anticolinérgico o la suma de muchos tratamientos pueden provocarlas, y también la retirada brusca de algunos de ellos.
- Pérdida de visión o de audición: el cerebro privado de estímulos puede generar imágenes o sonidos por su cuenta.
- Enfermedades neurodegenerativas: la enfermedad de Parkinson, la demencia con cuerpos de Lewy y, en fases más avanzadas, el Alzheimer.
- Trastornos del sueño y del ánimo: la falta de sueño, la depresión grave o un trastorno psiquiátrico previo.
- Alcohol: tanto su consumo como su retirada brusca.
La polimedicación merece especial atención, porque cada fármaco puede estar bien indicado por separado y aun así la combinación resultar problemática. Si quieres entenderlo mejor, lee nuestro artículo sobre la polifarmacia en adultos mayores y sus riesgos. Nunca retires ni cambies un medicamento por tu cuenta: anota cuándo empezaron las alucinaciones y si coincidieron con algún cambio de tratamiento.
El síndrome de Charles Bonnet: cuando la vista falla
Uno de los cuadros más desconocidos, y más tranquilizadores cuando se diagnostica, es el síndrome de Charles Bonnet. Afecta a personas con una pérdida importante de visión, por ejemplo por degeneración macular, glaucoma o cataratas avanzadas, y con la mente por lo demás conservada. Ven figuras, caras, flores o dibujos geométricos muy nítidos, a menudo pequeños y silenciosos, y en general saben o terminan aceptando que no son reales. La explicación más aceptada es que el cerebro, al dejar de recibir información de los ojos, empieza a generar imágenes por su cuenta. Muchas personas no lo cuentan por miedo a que piensen que están perdiendo la cabeza. Si tu familiar tiene problemas de vista y describe estas visiones, coméntalo con su oftalmólogo o su médico: saber que tiene un nombre y que no es una enfermedad mental suele aliviar muchísimo.
Cuando el duelo también se ve y se oye
Desde la psicogerontología se conoce un fenómeno que merece mención aparte: las experiencias de presencia en el duelo. Tras la muerte de la pareja, muchas personas mayores sienten que el ser querido está cerca, oyen su voz llamándolas o lo ven un instante sentado en su butaca de siempre. Lejos de ser un síntoma de locura, se describen como una vivencia frecuente dentro del proceso normal de duelo, y para muchas personas resultan reconfortantes. Lo importante es la actitud: no ridiculizarlas, permitir que tu familiar hable de ellas y observar si le producen paz o angustia. Si van acompañadas de tristeza profunda, aislamiento o dejar de comer, conviene consultar. Puedes leer más sobre cómo acompañar en estos momentos en nuestra guía sobre el duelo en adultos mayores.
Cómo reaccionar ante una alucinación sin discutir
Ante las alucinaciones en personas mayores, la tentación es convencer a tu familiar de que lo que ve no existe. Casi nunca funciona: para él la experiencia es real, y discutir aumenta su miedo y su sensación de no ser creído. En psicología del envejecimiento se habla de validar la emoción sin confirmar el contenido. Algunas pautas útiles:
- Mantén la calma y habla despacio, con frases cortas y un tono tranquilizador.
- Reconoce lo que siente: «Entiendo que te asuste, estoy aquí contigo», en lugar de «eso no es verdad».
- Si la alucinación no le angustia, no hace falta intervenir; a veces basta con acompañar.
- Cambia el entorno: enciende más luces, cierra cortinas que generen reflejos, retira espejos o abrigos colgados que confundan.
- Distrae con suavidad: una conversación, un paseo por otra habitación, música conocida o una taza de algo caliente.
- Comprueba gafas y audífonos: que estén limpios, bien graduados y puestos.
- Anota qué vio u oyó, a qué hora y en qué situación, para contárselo al médico.
Cuándo consultar y cuándo es urgente
Cualquier alucinación nueva en una persona mayor merece una consulta con su médico de familia o con el equipo de la residencia, aunque parezca inofensiva. Es urgente acudir a emergencias si las alucinaciones aparecen de forma brusca junto con confusión, somnolencia intensa, fiebre, habla incoherente o un cambio repentino de comportamiento, porque pueden indicar un delirium o un problema neurológico agudo. También si tu familiar quiere hacerse daño, se muestra muy agitado o las alucinaciones empeoran rápidamente. Lleva a la consulta la lista completa de medicamentos, incluidos los que compra sin receta. El tratamiento dependerá de la causa: tratar una infección, ajustar fármacos o mejorar la visión puede hacer que las alucinaciones desaparezcan. Si se plantea medicación específica, el equipo médico valorará con cuidado sus riesgos, porque algunas personas mayores toleran mal ciertos antipsicóticos.
Si tu familiar vive en una residencia
Cuando tu padre o tu madre vive en una residencia, muchas veces te enteras de las alucinaciones por una llamada o porque te las cuenta durante una visita. Es importante que el equipo y la familia compartan la información: tú conoces su historia, sus miedos y a las personas de su vida, y eso ayuda a interpretar lo que ve; el equipo observa cómo duerme, cómo come y cómo responde a la medicación. Pregunta si ha habido cambios recientes en el tratamiento, si ha tenido fiebre o si bebe menos líquidos de lo habitual. Pide también que te avisen si las alucinaciones aumentan o le causan angustia. La coordinación entre familia y residencia permite detectar antes las causas tratables y acompañar con más tranquilidad.
Palermia facilita precisamente ese intercambio. El equipo de la residencia puede compartir contigo fotos de su día, contarte qué ha comido y mantenerte al tanto de la medicación, y tú puedes escribirles un mensaje directo si en una llamada notas que tu familiar ve o escucha cosas que antes no. Esa comunicación ágil ayuda a que una señal importante no se quede sin respuesta. Conoce cómo funciona